¿Por qué existe una gran diferencia entre la inflación percibida y la inflación real?
La tasa de inflación refleja solo una parte de la realidad.
La guerra de agresión rusa contra Ucrania lleva semanas ocupando el centro de la atención de la población en Alemania. Temas como la pandemia de coronavirus o la inflación han pasado a un segundo plano. Y aunque la ayuda a las personas en Ucrania tiene, sin duda, la máxima prioridad, las consecuencias económicas y, con ellas, los efectos financieros para ahorradores e inversores no deberían ignorarse por completo.
El fuerte aumento de los precios en las gasolineras, las amenazas de Rusia de interrumpir el suministro de gas, la ruptura de las cadenas de suministro y la suspensión de las entregas de platino procedentes de Rusia son factores que, a medio plazo, se reflejarán en una tasa de inflación significativamente más elevada.
Calcular la inflación es sencillo... a primera vista
Dado que la inflación seguirá marcando la agenda económica durante los próximos meses y años, merece la pena entender cómo se obtiene una cifra de la que tanto se habla en el mundo financiero. En principio, el cálculo de la tasa de inflación es muy simple: se compara el precio de un bien o servicio al inicio y al final de un periodo determinado.Al precio actual se le resta el precio anterior. El resultado se divide por el precio inicial y se multiplica por 100. Un ejemplo: un televisor cuesta 1.000 euros al comienzo del año y 1.080 euros al final. La diferencia es de 80 euros. Divididos entre 1.000 y multiplicados por 100, obtenemos una tasa de inflación del 8 %. Sin embargo, la inflación oficial no se calcula únicamente a partir del precio de los televisores. La Oficina Federal de Estadística alemana utiliza una denominada cesta de la compra, diseñada para representar de la forma más realista posible los bienes y servicios de consumo habitual.
Los distintos productos se ponderan según el comportamiento medio de gasto de los hogares. Por ello, categorías como energía o alimentación tienen un peso mayor, ya que suelen representar una parte más significativa del presupuesto mensual. Esta cesta se actualiza de forma periódica.
¿Qué compra realmente el consumidor medio?
La cesta utilizada para calcular la inflación pretende reflejar de manera realista qué consume una familia alemana media y cuánto le cuesta hacerlo. Está compuesta por cuatro grandes categorías: alimentos y bebidas no alcohólicas, productos de consumo como alcohol y tabaco, ropa y calzado, y gastos de vivienda y energía. Además, incluye otras partidas menores como educación, telecomunicaciones o electrodomésticos. Esa es la teoría. En la práctica, sin embargo, muchos ciudadanos se preguntan por qué la inflación oficial se sitúa en «solo» un cinco por ciento cuando sienten que el dinero se les acaba mucho antes de terminar el mes. La crítica principal es que tanto la composición como la ponderación de los bienes y servicios reflejan solo parcialmente las necesidades reales de cada persona.Por ejemplo, ¿de qué sirve ese cálculo a alguien que acaba de perder un empleo cerca de su domicilio y ahora debe recorrer 100 kilómetros diarios para ir a trabajar? Para esa persona, una cesta de consumo realista tendría una composición muy distinta a la del consumidor medio. Lo mismo ocurre con otros colectivos, como quienes desean comprar una vivienda. Para muchos de ellos, la inflación oficial resulta un consuelo limitado si una casa que en 2015 costaba 300.000 euros hoy cuesta 600.000 euros, mientras que sus ingresos no se han duplicado en ese mismo periodo.